Un recorrido por el PAISAJE holandés y flamenco del S.XVII

“Durante la Edad Moderna, los italianos llamaron nórdicos a los pintores de las tierras que estaban más allá de los Alpes y fundamentalmente a los de los Países Bajos”

El pasado viernes visité la exposición “Rubens, Brueghel, Lorena. El paisaje nórdico en el Prado”. Una muestra que acoge actualmente el Centro del Carmen, un espacio polivalente situado en el antiguo convento del Carmen que está abierto a exposiciones temporales. La que yo visité puede verse hasta el próximo día 2 de Diciembre y la entrada es gratuita.

La exposición me fue recomendada y la verdad es que resultó ser una grata experiencia. Nunca he sido una persona que sienta especial interés por el arte ni por los museos. Pero este año estoy empezando a mirar con otros ojos esta disciplina y, por ello, la exposición de los paisajes nórdicos pude disfrutarla de otra manera.

Se trata de una serie de obras traídas desde el Museo Nacional del Prado. La única pega quizás es que no se pueden realizar fotografías (aunque comprensible, claro). Por tanto, no podré ilustrar algunos detalles que aquí os cuento a cerca de la exposición. Únicamente mostraré imágenes de aquellos cuadros que más me gustaron (siempre desde un punto de vista personal).

Nada más acceder a la exposición, lo primero que se advierte, además de un gran cuadro que nos da la bienvenida, es el color granate de las paredes y la rotulación blanca, que destaca, y mucho, sobre las mismas. La iluminación cuenta con focos puntuales situados en el techo que enfocan el lugar que ocupan las obras así como las cartelas. Las obras se disponen en la pared mientras que las cartelas lo hacen prácticamente en el suelo, sobre un soporte horizontal, quedando en un segundo plano, para que los ojos del espectador se centren en las pinturas. Con rotulación en blanco, las cartelas, situadas debajo de cada cuadro, muestran el título de la obra, el nombre del autor, la fecha en que fueron realizadas e incluyen una breve descripción de la composición pictórica.

“El paisaje nórdico en el Prado” se distribuye en nueve secciones, que invitan al espectador a hacer un breve recorrido por las distintas tipologías de paisaje que surgieron en Flandes y Holanda a lo largo del S. XVII. De acuerdo con ello, la obra se expone de forma temática en un recorrido que atraviesa cuatro salas y que acogen estas nueve secciones:

“Se incluyen paisajes de los más destacados representantes del género, como Jan Brueghel el Viejo, Joos de Momper el Joven, David Teniers, Simon de Vlieger, Hendrick Dubbels, Petter Snayers, Jan Both, Claudio de Lorena, Philips Wouverman, y por supuesto, Rubens, el gran maestro flamenco, cuyos paisajes constituyen la parte más íntima de su producción”

Además, se encuentran cuadros de una gran variedad de formatos.

A continuación, voy a mostraros las obras que, personalmente, más me gustaron. Algunas otras me impactaron nada más verlas y otras me llamaron la atención por algún pequeño detalle.

 Tobias Verhaecht.Paisaje Alpino.1600-15  (óleo sobre lienzo)

Esta obra se encuentra nada más comenzar la exposición. Nada más girar mi cabeza y verla, me llamó muchísimo la atención. Estaba ante un mundo de ensueño y fantasía en tonos fríos que contrastaba altamente con el color de las paredes de aquella estancia. Sinceramente, me encantó. Me puse a observarla detalladamente. Una línea del horizonte elevada, un gran detallismo, el cuadro parecía no tener fín (debido a su profundidad). En un primer momento, he de decir (aunque la comparación suene ridícula) que la composición me recordaba a los paisajes de películas como El Señor de los Anillos o las Crónicas de Narnia, pero en versión nevada. Las edificaciones, los caballos, las montañas a lo lejos. Sorprendente.

“Constituye una mezcla de todas las tipologías de paisajes posibles: montaña, bosque, ríos, mares, campiñas y arquitecturas. Es un producto híbrido de paisaje naturalista y paisaje soñado.”

Hendrick van Balen; Jan Brueghel “el Viejo”. La Abundancia y los Cuatro Elementos. 1615 (óleo sobre tabla)

Ubicado en la sección El bosque como escenario, fue uno de los que más me gustó de la misma. Siempre (aun cuando no apreciaba realmente la pintura) me he sentido atraído por este tipo de cuadros. Me sucede lo mismo que con la obra Venus, Cupido y el Tiempo de Agnolo Bronzino. Los personajes representados esconden un significado, todos ellos representan algo. Me gusta conocer esas historias y ver el porqué de las figuras. En el que nos ocupa aparecen representadas la Abundancia, la Tierra (sentada a los pies de ésta), el Agua (vierte agua para regar la tierra con ayuda de una caracola), el Fuego y el Aire (representados en la parte superior izquierda de la composición).

Sobre todo, me llamaron mucho la atención la cantidad de especies animales, y también vegetales, representadas. En mi cabeza aparecían libros que tenía de pequeño a cerca de botánica y especies vegetales o sobre la fauna, en este caso, tanto acuática como de aves, además de otros animales (que se advierten en mayor medida en primer plano).

David Teniers “el Joven”. Tiro con arco. Juego de petanca. 1645 (óleo sobre tabla)

Ambos cuadros (pertenecientes a la sección La vida en el campo) me llamaron la atención por un aspecto que recientemente habíamos visto en clase.

La representación del movimiento. En este caso, un movimiento en potencia: el captar a la figura justo en el momento en que va a realizar un movimiento.

“La disposición de las figuras está pensada en función del momento elegido. Lanzar la bola y disparar la flecha”

Peter Snayers.  Asedio de Aire-sur-la-Lys. 1653  (óleo sobre lienzo)

Éste fue uno de los cuadros que más me impactó. Levanté la mirada y me encontré con una obra de grandes dimensiones pintada predominantemente en tonos blancos y azules. Que profundidad espacial. Una “vista aérea” que nos invita a contemplar la ciudad fortificada de la composición. Los ojos, más que quedarse contemplando lo que sucedía en primer plano, se me fueron al horizonte de lo representado (en gran medida porque la planta de la ciudad ocupa casi toda la superficie pictórica). Sentí la sensación de tener a mis pies una llanura inabarcable. Lo mismo que debían sentir los soldados que, exhaustos, descendían hacia el valle.

Adam Willaerts. Playa con pescadores. 1627 (óleo sobre lienzo)

Esta obra me conquistó no tanto por la sensación que me transmitió nada más verla, en un primer momento, sino por la descripción que luego pude leer sobre ella.

Se trata de un paisaje en el que confluyen los géneros característicos de la pintura holandesa: la marina, la escena de género y el bodegón. Además, actúa como un muestrario de las diferentes embarcaciones neerlandesas que componían la flota de los Países Bajos: un bote de remos, barcos de pesca, galeras y fragatas características de la Compañía de las Indias Orientales. La historia es una de las disciplinas que más me gusta y especialmente el tema de las colonizaciones y la apertura y el descubrimiento de nuevas tierras. Por ello, el cuadro aunaba características que consideraba interesantes y que podían captar mi atención.

Jan Brueghel “el Joven”.  El Palacio Real de Bruselas  . 1627  (óleo sobre lienzo)

Al ver esta obra me quedé, literalmente, con la boca abierta. Testigo es mi compañero de viaje a la exposición. Como estudiante de arquitectura, ponerme delante de un cuadro como éste, tenía que tener una repercusión en mí, de alguna manera u otra. Pensar que me he pasado un año “dibujando” edificios no es equiparable a esto. Esto es representar arquitecturas en mayúsculas. Me dejó impresionado el conjunto edificatorio del palacio real de Bruselas. La archiduquesa pasó a un segundo plano ya que mi mirada se desviaba a cada segundo a esa pieza monumental. Quizás el cuadro no tenga nada de especial (aunque algo tendrá, ya me entendéis), pero el palacio me dejó sin palabras. Deteneos a observarlo. ¡Qué cantidad de ventanas! (Fenestraciones en términos arquitectónicos).

Jan Brueghel “el Viejo”. Los Archiduques Isabel Clara Eugenia y Alberto en el Palacio de Tervuren en Bruselas. 1621 (óleo sobre lienzo)

Esta obra me recordó a la arquitectura típica de la ciudad de Ámsterdam. Las casas cercanas a los canales de la ciudad, con esas particulares fachadas que, en su parte más alta, descienden escalonadas formando un triángulo. Además, en lo que me primero me fijé del cuadro fue en el palacio, pues ese color rojo anaranjado hace que destaque por encima de los demás elementos de la composición: “El rojo de la fachada sirve de contrapunto a la gama de tonos azules y verdes con la que está entonada la composición”.

Jan Both. La salida al campo con el ganado. 1639-41

Perteneciente al llamado “paisaje italianizante” y realizada por encargo del monarca español Felipe IV para el Palacio del Buen Retiro, esta obra me pareció diferente. La luz cálida que ilumina la escena me permitió establecer una clara diferencia con las obras que había visto anteriormente. Desde luego, este paseo campestre es todo lo contrario al paisaje de hielo y nieve.

Pedro Pablo Rubens. Atalanta y Meleagro cazando el jabalí de Calidonia. 1635-36 (óleo sobre lienzo)

“Según relata Ovidio en las Metamorfosis(VIII, 260-444), un jabalí gigante, enviado por la diosa Diana, asolaba el reino de Calidonia. Meleagro, hijo del rey, y su amada Atalanta, organizaron una cacería, ayudados por sus primos Cástor y Pólux”

Frondoso paisaje para un entorno idílico es lo que presenta Rubens en esta obra. Aunque lo más importante, y donde pretende centrar la mirada del espectador es en el primer plano, que recoge las figuras de Atalanta y el jabalí. Se trata de una de las obras cumbres del paisaje nórdico.

Además de determinadas obras, también despertaron mi curiosidad diferentes aspectos y detalles que iba extrayendo de la información de la sección a tratar y de las cartelas de las obras.

Por ejemplo, descubrí que era una práctica habitual en los Países Bajos que muchos de los bosques mostrados en la exposición son obra de colaboración entre dos pintores: uno especialista en el paisaje y otro en las figuras.

Por otro lado, en cuanto a Rubens, me gustó especialmente una frase de una de las cartelas: “Ante todo, fue un artista fiel a sus propias convicciones y a su libertad creativa”. A Rubens la fama le llegó realmente como pintor de historia, sin embargo, una parte muy importante de su producción pictórica trataba el tema del paisaje, tal y como podemos comprobar en la muestra. Sin embargo, este tipo de obras las guardaba para él o las regalaba para íntimos amigos, por lo que no se pudo conocer en detalle esta parte de su producción hasta tiempo después.

El bosque, otro de los paisajes pintados, podía ser representado como escenario bíblico o como escenario encantado.

Detalles como estos hicieron que la exposición me resultase todavía más interesante y fuese, además de una muestra de grandes obras de arte, una buena fuente de información sobre la pintura de Holanda y Flandes del S.XVII.

Para concluir, querría destacar la sala que acoge la exposición así como todo el conjunto del Antiguo Convento del Carmen.

Al avanzar por las diferentes salas, en una de las secciones podemos observar, bajo nuestros pies, una canalización musulmana constituida por una acequia central. Vale la pena por tanto llevar la mirada al suelo para admirar tales restos conservados hasta nuestros días.

Por último, la salida de la exposición nos conduce a un claustro renacentista de los siglos XVI y XVII que aparece como un espacio en el que poder sentarse, reflexionar o descansar.

Finalizo este post invitándoos a visitar esta exposición. Una ocasión para conocer el arte de cerca que no debéis dejar pasar.

 “Allí, el contexto social y cultural hizo que, a lo largo del siglo XVII, pintores y coleccionistas se apartaran en gran medida de los temas heroicos propios de la pintura de historia en favor de asuntos cotidianos […] Entre ellos estaba el paisaje, que pasó a convertirse en un género pictórico independiente en el que el asunto representado era solo un pretexto para representar con fidelidad montañas, bosques, campiñas, ríos, mares, parajes cubiertos de nieve o canales helados, etc., inmersos en una luz naturalista.

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3 Respuestas a “Un recorrido por el PAISAJE holandés y flamenco del S.XVII

  1. Me ha gustado tu entrada. Se nota que la visitaste con interés. Lo cierto es que hay algunas piezas muy buenas. Y sí, ese claustro tiene algo especial.

    • Jajajaja lo cierto es que ya estoy trabajando en ella. Espero que os guste. La verdad es que el blog (además de facebook, etc…) está sirviendonos de medio para no perder el contacto. Me alegra que leas las entradas Cecilio. Un abrazo. Y gracias de parte de todos los componentes.

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